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lunes, 19 de febrero de 2018

UNA RECIENTE ENTREVISTA AL P. THOUVENOT CONFIRMA LA VOLUNTAD ACUERDISTA DE LA CÚPULA DE LA FSSPX



FUENTE (Extractos. El subrayado y los comentarios en rojo son de NP)


¿Qué pasará en el Capítulo General de la Fraternidad de San Pío X?


Del 11 al 21 de julio, se celebrará el cuarto Capítulo General de la Fraternidad de San Pío X.

Muchos católicos están preocupados por la evolución del Vaticano. Las discusiones en torno a Amoris Lætitia o los ataques contra el celibato sacerdotal en la perspectiva del anunciado Sínodo del Amazonas, dejan perplejos a los fieles.

Cardenales contra cardenales, obispos contra obispos. No pocos católicos de buena voluntad reconocen ahora que el Arzobispo Lefebvre tenía razón. Es por eso que los ojos de muchos, incluso fuera de las filas de los tradicionalistas, se vuelven hacia el capítulo general.

El Boletín del distrito de Alemania ha entrevistado al Secretario General de la Fraternidad de San Pío X, el P. Christian Thouvenot, quien está a cargo de la preparación del capítulo.

Mitteilungsblatt: Nos gustaría informar a los fieles del proceso del Capítulo General de 2018. ¿Podría comenzar por presentarse y explicar su función en la casa general?
P. Christian Thouvenot: Soy sacerdote desde 2000 y ocupo el cargo de secretario general desde el 2008. Mi trabajo consiste en supervisar la correspondencia de la casa general con seminarios y distritos, y también con los miembros, para mantener día los archivos de los miembros sacerdotes, hermanos, oblatos y seminaristas. Me encargo del registro de las deliberaciones del Consejo General y transmito sus decisiones a los superiores interesados. También me ocupo de los archivos y la comunicación de la Fraternidad.

Los estatutos redactados por Mons. Marcel Lefebvre prevén que el Superior General debe buscar el reconocimiento pontificio de la Fraternidad San Pío X. ¿Será discutida la cuestión de una Prelatura personal?
En efecto, nuestros estatutos prevén que la Fraternidad realice “los trámites necesarios para llegar a ser de derecho pontificio”. [Cánon 589 del Código de Derecho Canónico de 1983, que es el código que usa Ménzingen en sus negociaciones con Roma: "Un instituto de vida consagrada se llama de derecho pontificio cuando ha sido erigido por la Sede Apostólica o aprobado por ésta mediante decreto formal; y de derecho diocesano, cuando, habiendo sido erigido por un Obispo diocesano, no ha recibido el decreto de aprobación por parte de la Sede Apostólica"Esta fue, por lo demás, la preocupación de Mons. Lefebvre contra la injusta e ilegal supresión de la Fraternidad en 1975 y en el momento de las propuestas de reconocimiento canónico que formuló en 1987. Pero esta cuestión de nuestra condición jurídica es consecuencia de la situación anormal de la Iglesia y del mal proceso que se nos hizo. (...) Para responder a su pregunta, es probable que durante el Capítulo se plantee la cuestión del estatuto de la Prelatura personal. Pero es sólo el Superior General quien dirige la Fraternidad y es responsable de las relaciones de la Tradición con la Santa Sede. [Noten -de paso- que el P. Thouvenot pretende, abusiva y absurdamente, que Mons. Fellay es el representante de todos los tradicionalistas del mundo (!)]

Pues veamos: la cúpula liberal de la FSSPX ahora sostiene que el acuerdo traidor y suicida con Roma apóstata es algo mandado por los estatutos, algo que debe ser hecho -entonces- en nombre de la virtud de la obediencia y del respeto a la ley... 

Se trata, evidentemente, de una triquiñuela fundada en un falso legalismo.

Cita de los estatutos de la FSSPX: 

Cap. IV - DE LOS DIVERSOS MODOS QUE HAY PARA HACERSE MIEMBRO DE LA SOCIEDAD:
1. La Fraternidad, en sus comienzos, dependerá del obispo del lugar que la erigió en "pia unión" y reconoció sus estatutos, en conformidad con las prescripciones del derecho canónico.
2. Por consiguiente, mientras la Fraternidad sea de estatuto diocesano, los miembros que se destinan al sacerdocio, antes de su compromiso definitivo, deberán estar incardinados en una diócesis, a no ser que un indulto especial concedido por la Sagrada Congregación de los religiosos los autorice a ser incardinados en la Fraternidad. Cuando la Fraternidad tenga casas en diversas diócesis, hará los trámites necesarios para ser de derecho pontificio.

¿Oportunamente olvidan ahora los acuerdistas que, en 1975, se decretó la supresión de la FSSPX? ¿Pese a eso, Ménzingen pretende que estas normas estatutarias mantienen su vigencia? ¿Dentro de un tiempo van a decir que los sacerdotes de la Fraternidad deben ser incardinados en las diócesis porque eso es lo que mandan los estatutos (en el mismo punto 2 citado)? ¿O que para que sean incardinados en la Fraternidad se necesita el indulto de la Congregación de los religiosos (idem)? 

¿Pretenderá Ménzingen que este otro párrafo de los estatutos también está vigente?: 

El ministerio parroquial, la predicación de misiones parroquiales, sin límites locales, son igualmente obras a las que se dedica la Fraternidad. Estos ministerios serán objeto de contratos con los Ordinarios locales, para permitir a la Fraternidad el ejercicio de su apostolado según su gracia particular. (Cap. III, n° 5)

Confrontemos ahora las palabras del P. Thouvenot con las palabras de Mons. Faure en el prefacio de los estatutos de la SAJM

Los estatutos de la SAJM pretenden conservar intacto el espíritu de los estatutos dados por Monseñor Lefebvre a la FSSPX. También pretenden conservar la letra de esos estatutos en la medida de lo posible y atendiendo a las circunstancias presentes. Así, ciertas partes de los estatutos de la FSSPX han debido ser suprimidas por resultar anacrónicas, como las relativas a determinadas coordinaciones con el clero diocesano (Cap. III, n° 5; Cap. IV, n° 1 y n° 2). 

Noten los lectores que Mons. Faure suprimió el mismo parágrafo del que ahora se valen para sus fines los acuerdistas, y suprimió también los otros parágrafos reproducidos en esta entrada.

Y recuerden también que el Superior General de la SAJM agregó a los estatutos esta importantísima norma antiliberal, antimodernista, antiacuerdista:

Desde el concilio Vaticano II, el santo Sacrificio de la Misa, la doctrina católica y toda la vida de la Iglesia son atacados por la Jerarquía liberal y modernista. Porque el sacerdocio católico tiene el deber esencial de combatir el liberalismo y el modernismo en defensa de los derechos divinos violados, la Sociedad descarta toda posibilidad de regularización canónica por vía de acuerdo bilateral, de reconocimiento unilateral, o del modo que sea, en tanto la Jerarquía católica no vuelva a la Tradición de la Iglesia. (Cap II, n° 5)

[ADDENDUM 20-2-18: entrevista al P. Thouvenot en español]

¡DIOS MÍO VEN EN MI AUXILIO!


Es una invocación que desde hace muchos siglos los creyentes dirigen al Señor, al comienzo de la oración litúrgica del Breviario o del Santo Rosario, tan necesaria y preciosa en nuestro tiempo, y que nos califica como devotos de la Santísima Virgen María, Madre de Dios y de la Iglesia. Es también el eco de la súplica que los apóstoles, presos de pánico, dirigieron a Jesús, que dormía en la cabecera de la barca, al atravesar el lago de Tiberíades en tempestad: “¡Sálvanos, Señor, estamos perdidos!” (Mt. 8, 25; Mc. 4, 35; Lc. 7, 22).
Esta invocación acompaña la incierta travesía de nuestra vida terrena cuando vacila la fe y la esperanza de alcanzar la ansiada meta del Reino de Dios. Podemos considerarla también como una jaculatoria preciosa para los momentos de riesgo o de desánimo, que encontramos tal vez en nuestro camino, en vez de imprecar contra la mala suerte. Hoy, sin embargo, semejante expresión asume un significado de urgencia, en relación a los tiempos dramáticos que estamos viviendo y a las incógnitas que incumben a nuestro futuro, que quizá nos prepara acontecimientos apocalípticos, aunque no seamos del todo conscientes. Corremos el riesgo de encontrarnos improvisamente envueltos en graves peligros: catástrofes y calamidades naturales, terrorismo y tiroteos, atentados, accidentes, etc., que pueden suceder en cualquier lugar. Eso no significa ser pesimistas, sino sólo realistas y prudentes, como el sentido común cristiano nos sugiere.
Es verdad, el mundo materialista, despreocupado y hedonista, gobernado por gente comprometida con el maligno, favorece el consumismo y las experiencias temerarias, como el uso de estupefacientes o el juego, por el  camino de la auto-destrucción.
Recordemos que Dios Creador y Providente nos dio la ayuda del ángel de la guarda con la tarea precisa de “iluminar, custodiar, regir y gobernar” a cada uno de nosotros durante esta vida terrena, llena de insidias, y de indicarnos el camino seguro para alcanzar la Vida eterna, y que nuestro cuerpo está destinado a reunirse con el alma en la resurrección de la carne al final del mundo; un don extraordinario para el que no estamos suficientemente preparados. Los pastores de la Iglesia tampoco insisten mucho en esta verdad de Fe, que proclamamos, sin embargo, en el Credo.
“¡Orad, orad, orad!” 
La Santísima Virgen María nos invita con insistencia a la oración, un medio importante para comunicarnos con el Cielo y mantener buenas relaciones con la Trinidad y con los Santos, nuestros intercesores en el Reino de Dios, al que todos estamos destinados.
Los tiempos del retorno a Dios se prolongan, a pesar de las invitaciones urgentes del Cielo, así también los tiempos del retorno de Jesús a la tierra: lo que parecía inminente al final del siglo XX, fue superado sin grandes emociones y todo parece “retrasado”… La Santísima Virgen María, a quien fue dada la tarea de “dirigir” los últimos acontecimientos y recuperar tantas almas para Dios, necesita quizá un ulterior retraso para convertir a tantas personas todavía vacilantes. Una situación en lenta evolución, tanto que, si no hubiese un mayor número de conversiones, podríamos esperarnos del Cielo maniobras correctivas o estrategias más eficaces para acelerar los tiempos. Sólo Dios puede juzgar la situación y actuar en consecuencia.
Al comienzo de la predicación del Evangelio, se dio la clamorosa llamada de Saulo de Tarso, que, de gran perseguidor de los cristianos, se convirtió en el Apóstol de las gentes, el evangelizador por excelencia del mundo pagano. Hoy necesitaríamos un personaje con el carisma de San Pablo para devolver el mundo a Cristo, pero Dios parece encaminado a otras soluciones.
Es verdad también que la Santísima Virgen es la mayor ayuda que el Cielo nos puede dar, pero nosotros, escépticos, necesitaríamos de un guía visible y tangible, que se imponga como guía autorizado y sabio, en este mundo tiranizado por el Maligno. En cambio, hoy, la situación más dolorosa de la Iglesia está en las altos puestos de la jerarquía, ocupados por sus enemigos, infiltrados subrepticiamente en su interior, bloqueando su acción doctrinal y misionera y obligada a grandes esfuerzos para aparecer genuina, ocultando la verdad.
Cosas bastante evidentes, pero difíciles de admitir o de demostrar, por ser “paradoxales”. Sin embargo, personas informadas y valientes las describen y las documentan; cosas semejantemente “absurdas e increíbles” – es la rémora que impide su difusión – y, por tanto, habitualmente ignoradas. Alguno, sin embargo, las está diciendo a gritos.
Una gran hipocresía de “matriz religiosa” domina el mundo entero e invade todos los sectores del poder: política, finanzas, diplomacia, cultura, jerarquía, medios de comunicación, etc.; una hipocresía vinculada a satanás, que sugiere a los jefes, caso por caso, la respuesta que hay que dar a todas las exigencias.
“… levantad la cabeza, porque está cerca vuestra liberación” (Lc. 21, 28) 
El reino del anticristo será breve – tres años y medio – porque será cancelado por Jesús, que “lo destruirá con el soplo de Su boca y lo aniquilará al aparecer Su venida” (2 Tes 2, 8).
El 2017, año del centenario de las apariciones de Fátima, en el que fue prometido el triunfo del Corazón Inmaculado de María, los creyentes esperaban quizá alguna señal del Cielo que confirmase su fe, dando vigor a los vacilantes y convirtiendo a la multitud de los agnósticos. Por ejemplo, sacudiendo la indiferencia de las autoridades religiosas, que han marginado Fátima; volviendo a confiar en los mensajes de Fátima en el centenario de las apariciones – 13 de mayo de 2017, 13 de octubre de 2017 – no sólo a nivel de grandes celebraciones religiosas, sino también en la perspectiva de eventuales signos del Cielo, aptos para “hacer levantar la cabeza” para contemplar las maravillas del Señor que no merecemos, pero que nos atrevemos a esperar confiando en su infinita Misericordia. Maravillas que deberían despertar la fe narcotizada por la ideología laicista y relativista, inspirada por la cultura masónica dominante, que está preparando el terreno favorable al anticristo.
Durante el breve reino de este – tres años y medio dice la Biblia – necesitaremos dones especiales para superar todos los peligros derivados de los decretos de su feroz dictadura, en la cual serán martirizados muchos cristianos, porque elegirán la muerte antes que ceder a los decretos del anticristo, que conducen a la ruina espiritual eterna.
La cultura atea dominante intenta ocultar lo más posible los indicios que se refieren al anticristo, no sólo porque no forman parte de la “esfera religiosa”, sino especialmente porque forman parte de aquella “política” con sus decretos despóticos: el tiempo actual no es cualquier tiempo, sino una de las últimas teselas del mosaico que completa el puzzle de un gran capítulo de la historia humana, recordándonos que el Rey de la Historia es Cristo, el Hijo de Dios, mientras que el anticristo es hijo de satanás.
Esta actitud de prudencia es solamente un preaviso que necesita ulteriores confirmaciones, aunque es cierto que ninguna noticia creíble nos será comunicada por las autoridades institucionales.
Mysterium iniquitatis et pietatis 
Una cosa es cierta: desde hace muchos años, el poder mundial, en todo sector de la vida pública, está en manos de los enemigos de Dios, aunque nadie lo admite. Los hechos lo demuestran, la así llamada libertad religiosa, proclamada como una conquista civil, ha demostrado ser un gran engaño que subyuga a la humanidad. La responsabilidad de los “maestros” de la Fe es la de haber usado la “libertad religiosa” para acoger al mismo nivel de la Unica Verdad, que es Jesucristo, apariencias de verdad y la de haber equiparado todas las creencias religiosas, mezclando al Dios Verdadero con dioses falsos y mentirosos.
Siguiendo los programas televisivos uno se queda sorprendido del mal que es acogido y publicitado como una condición “normal” y al constatar los daños morales que están destruyendo lentamente la sociedad, comenzando por la familia y por el Decálogo, que han sostenido durante milenios nuestra sociedad.
La sociedad moderna, nacida sobre la base de la civilización cristiana, que conquistó el mundo con la cultura, con la ciencia y el ejemplo de innumerables Santos, en pocos decenios se ha precipitado a un abismo de desolación. Los Diez Mandamientos dictados a Moisés en el Sinaí, acogidos por el pueblo elegido durante milenios, perfeccionados por Jesucristo, Hijo de Dios, con el mandamiento del Amor, venerados y temidos desde hace dos mil años, son hoy ignorados, despreciados y rechazados. En la sociedad atea y rebelde a Dios, la dignidad humana, a pesar de ser tan aclamada, es arrinconada y desechada como basura: el Cristianismo está en vía de extinción… ¡por decreto de nuestros gobiernos masones, relativistas y ateos!
Es lícito, por tanto, pensar que las noticias importantes son manipuladas, oscurecidas o disimuladas para obtener determinados objetivos que escapan al gran público. Es evidente que los líderes de la política mundial – o mundialista, según la jerga en auge – estén completando un programa secreto, que todas las naciones deben secundar: determinados encuentros internacionales son la ocasión para discutir y concordar las órdenes establecidas por la oligarquía mundialista. En el momento oportuno, todas las naciones involucradas deben ejecutar sin discutir el programa concordado: la obediencia está ya prefijada, sin posibilidad de replanteamientos, por parte de los responsables, que no admiten insubordinaciones.
La Biblia nos viene en ayuda también cuando dice: “Antes, en efecto, deberá venir la apostasía y deberá revelarse el hombre inicuo, el hijo de la perdición, aquel que se contrapone y se levanta sobre todo ser que es llamado Dios o es objeto de culto, hasta sentarse en el templo de Dios, llamándose a sí mismo Dios”(2 Tes 2, 3-4). La palabra de Dios es clara y ciertamente lo era más para los Tesalonicenses, que habían escuchado la enseñanza oral de San Pablo.
Las naciones en riesgo en el mundo son las que querrían ser independientes desde el punto de vista político e ideológico, apelando a los principios de libertad y a la autonomía de la esclavitud masónica internacional y de las sectas secretas anticristianas que quieren subyugar a todas las naciones. Los gobiernos dirigidos por la oligarquía o por una dictadura que no quiere ceder el poder a estas sectas secretas son las que corren mayor riesgo de “revolución” o de “golpe de Estado”, por parte de las fuerzas que tienen el poder en las democracias agregadas al Gobierno Unico Mundial y a los adeptos del anticristo.
Una posición singular en el mundo es, hoy, la de los expertos en política y la de los periodistas que conocen el trasfondo de la situación, pero no pueden hablar sin poner en riesgo su incolumidad personal. Los más valientes se rebelan, pero no pueden ir más allá de determinados límites.
Es evidente que, frente a una situación mundial gravísima y aparentemente irreversible, como la actual, dominada por los espíritus del Mal, que crean el mal clima en el mundo, el único remedio es el de “despertar” a Nuestro Señor Jesucristo, que aparentemente duerme en la Barca de Pedro, para que una vez más salve a la Iglesia y a la humanidad del serio peligro de naufragio.
Marco

domingo, 18 de febrero de 2018

COMENTARIO ELEISON N° DLIII (553) - 17 de febrero de 2018

Comentarios Eleison por su Excelencia Richard Williamson

La Paternidad Hoy en Día – I

Pobres seres humanos, el látigo siempre necesitamos.
Sin éste, ¿qué hacemos sino deslizarnos y resbalarnos?
Hace casi 20 años, un sacerdote de la Fraternidad San Pío X, maestro de una casa de retiros ignacianos en Francia y, por lo tanto, en estrecho contacto con los problemas de la familia católica tradicionalista, escribió un excelente editorial sobre Cómo nuestros jóvenes se están desarrollando. Pinta un panorama sombrío. Por desgracia, el panorama se ha oscurecido aún más desde entonces. No debemos desesperar, pero por otro lado los padres deben ver las cosas como son. No es como si los jóvenes de hoy no tuvieran culpa, pero los padres tienen que hacer todo lo posible para ponerlos en el camino del Cielo, porque aún hoy esa es todavía la responsabilidad de los padres. He aquí el sombrío panorama, adaptado y abreviado de la Revue Marchons Droit, # 90, avril-mai-juin, 2000:—
En los Retiros vemos jóvenes que están creciendo y en la incapacidad de reconstruir la Cristiandad. Los sacrificios hechos por los padres y maestros no parecen haber dado frutos proporcionales. Es evidente que algo no funciona , y si no reaccionamos, entonces dentro de dos generaciones seremos tragados por el espíritu del mundo.
Los jóvenes que observamos que están entre los 18 y 30 años de edad, son profundamente ignorantes de la crisis en la Iglesia y el mundo, no porque no hayan sido enseñados, sino por falta de interés . En términos generales, siguen la línea de sus padres, pero no pueden explicar por sí mismos lo que está mal con la Nueva Misa, con el Vaticano II, con el Nuevo Orden Mundial. Nunca habiendo tenido que luchar, defender sus creencias o resistirse, y por lo tanto nunca habiendo estudiado para sí mismos, cuando se encuentran con el mundo fácilmente ceden. Quieren ser como todos los demás , no quieren ser diferentes, carecen de la convicción personal de d efender la Tradición Católica, y por eso en vez de ser Apóstoles de Cristo, poco a poco van con la corriente.
¿Dónde estarán mañana las buenas vocaciones, las buenas familias cristianas que tan urgentemente necesitamos? Las vocaciones son cada vez más raras, los matrimonios se debilitan o se secan por completo, la formación se suaviza, la inmadurez toma el relevo. Todo lo que los jóvenes quieren es disfrutar. A los niños les falta carácter, sentido de la responsabilidad, generosidad, auto-control, todo lo que los padres deberían inculcar en ellos para convertirlos en los hombres en los que podamos confiar para mañana: hombres castos, maduros, reflexivos, trabajadores, magnánimos. Sin tales hombres de convicción, ¿dónde estarán los jefes de las familias del mañana? Las niñas también están siendo criadas en desorden. En lugar de prepararse para la maternidad y para cuidar de una familia, aprenden a despreciar la domesticidad, que es su verdadera voca ción, y se les anima a estudiar más y más tiempo, adquiriendo así un espíritu de independencia , junto a una mundanalidad que se vuelve hacia la moda, las fiestas y la música rock. ¿Cómo pueden las madres permitir lasminifaldas y pantalones de sus hijas, a su vestido indecente para fiestas que son obvias ocasiones de pecado, donde pierden el tiempo y manchan la pureza de sus corazones?
El resultado es que los jóvenes se casan a los 20 o 22 años de edad, cuando no están en absoluto preparados. Y pronto llegan los niños a quienes no saben cómo educar. Si miro a las parejas jóvenes a las que he casado – en la Tradición – desde mi ordenación en 1980, gracias a Dios no ha habido divorcios, pero tengo que decir que la mitad de los matrimonios están pendientes de un hilo, manteniéndose unidos sólo por los principios católicos de los jóvenes. Padres, ¿se dan cuenta de lo que necesitan dar a sus hijos para su futuro en el mundo de hoy? Por el amor de Dios, tienen que formar a sus hijos varones para ser hombres dignos de ese nombre y a sus hijas para ser mujeres dignas de ese nombre. Cumplan con su deber. De lo contrario, sus hijos corren el riesgo de perder su alma y la cristiandad toma fin.
Ciertamente el P. Delagneau tiene razón. La Cristiandad está en grave peligro, nada menos. Ahora, ¿podemos ver por qué en 2018 Dios está permitiendo que los enemigos de Dios estén haciendo que Europa y en particular Francia sean ocupadas por otros enemigos de Dios? ¿Y por qué permite que la Fraternidad San Pío X se deslice en los brazos de Sus enemigos? Él no nos creó para caer en el infierno. Él nos creó para combatir el buen combate para llegar al cielo. Y Él permitirá cualquier desastre que nos aleje del camino al infierno, y nos ponga de nuevo en el camino del cielo. ¡Espérenlo!
Kyrie eleison.

sábado, 17 de febrero de 2018

DEMOLICIÓN MODERNISTA DE LA OBSERVANCIA CUARESMAL



"En el Concilio Vaticano II, los obispos solicitaron una disminución tal del ayuno y de la abstinencia que las prescripciones prácticamente han desaparecido. Hay que reconocer que el hecho de esta desaparición es una consecuencia del espíritu ecuménico y protestante, que niega la necesidad de nuestra participación para la aplicación de los méritos de Nuestro Señor, a cada uno de nosotros, para el perdón de nuestros pecados y la restauración de nuestra divina filiación. En el pasado los mandamientos de la Iglesia prescribían: ayuno obligatorio en todos los días de Cuaresma, con la excepción de los domingos, durante los tres días de las témporas y para muchas vigilias; la abstinencia era para todos los viernes del año, los sábados de Cuaresma y, en numerosas diócesis, todos los sábados del año. Lo que queda de estas prescripciones es: el ayuno del Miércoles de Ceniza y del Viernes Santo y la abstinencia para el Miércoles de Ceniza y los viernes de Cuaresma." (Mons. Lefebvre, sermón de 14-02-1982).


“La observancia de la Cuaresma es el lazo de nuestra milicia; por ella nos diferenciamos de los enemigos de la Cruz de Jesucristo; por ella esquivamos los azotes de la cólera divina; por ella, amparados con la ayuda celestial durante el día, nos fortalecemos contra los príncipes de las tinieblas. Si esta observancia se relaja, cede en desdoro de la gloria de Dios, deshonra de la religión católica y peligro de las almas cristianas; y no hay duda que este descuido sea fuente de desgracias para los pueblos, desastres en los negocios públicos e infortunios para los individuos.” (Benedicto XIV, Constitución Non Ambigimus, 30-05-1741) 

viernes, 16 de febrero de 2018

MONS. LEFEBVRE: LA CONJURA DE LA ALTA VENTA DE LOS CARBONARIOS



Fuente: Stat Véritas
  
Mons. Marcel Lefebvre ha denunciado en varias ocasiones la infiltración de las ideas de la masonería dentro de la Iglesia. Reproducimos un capítulo en donde habla de la importancia de conocer los planes que tiene la secta para con la Iglesia.

El llamado “liberalismo católico” fue penetrando, como humo satánico, dentro de la Iglesia pero esto ha sido con una gran ayuda de parte de la secta masónica. Veamos en qué han consistido los planes masónicos para infiltrar sus ideas en la jerarquía eclesiástica.


LA CONJURA DE LA ALTA VENTA DE LOS CARBONARIOS


Henos aquí, en nuestro breve bosquejo histórico del liberalismo católico, en las vísperas del Concilio Vaticano II. Pero antes de analizar la victoria lograda por el liberalismo en el Concilio, querría volver atrás en el tiempo para mostrar que la penetración del liberalismo en toda la jerarquía y hasta en el mismo Papado, que era impensable hace dos siglos, fue sin embargo, pensada, anunciada y organizada desde principios de siglo pasado por la francmasonería. Bastará con reproducir los documentos que prueban la existencia de esa intriga contra la Iglesia, de ese “atentado supremo” contra el Papado.

Los papeles secretos de la Alta Venta de los Carbonarios que cayeron en manos del Papa Gregorio XVI, abarcan el período de 1820 a 1846. Fueron publicados a pedido del Papa Pío IX, por Crétineau-Joly en su obra L’Eglise Romaine et la Revolution [La Iglesia Romana y la Revolución][1]. Y por el Breve de aprobación del 25 de febrero de 1861 dirigido al autor, Pío IX confirmó la autenticidad de sus documentos, pero no permitió que se divulgaran los verdaderos nombres de los miembros de la Alta Venta implicados en esta correspondencia. Estas cartas son absolutamente pavorosas, y si los Papas pidieron que se publicaran, fue para que los fieles sepan de la conjura contra la Iglesia urdida por las sociedades secretas, conozcan su plan y estén prevenidos contra su eventual realización. Por el momento no digo más, pero con temblor se leen estas líneas. No invento nada, no hago sino leer, pero no es un misterio que hoy día ellas se cumplen. ¡No oculto que aún sus proyectos más audaces son aventajados por la realidad actual! Leamos, pues. Sólo subrayaré lo que más nos debe impresionar.

“El Papa, cualquiera que sea, jamás vendrá a las sociedades secretas: a ellas corresponde dar el primer paso hacia la Iglesia para vencer a ambos.
“El trabajo que vamos a emprender no es obra de un día, ni de un mes, ni de un año; puede durar varios años, quizás un siglo; pero en nuestras filas el soldado muere y el combate continúa.
“No queremos ganar a los Papas para nuestra causa, hacerlos neófitos de nuestros principios, propagadores de nuestras ideas. Sería un sueño ridículo. Cualquiera sea el giro de los acontecimientos, el hecho de que cardenales o prelados, por ejemplo, hayan entrado a sabiendas o por sorpresa en una parte de nuestros secretos, no es en absoluto un motivo para desear su elevación a la Cátedra de Pedro. Esta elevación nos perdería. Sólo la ambición los habría conducido a la apostasía y la necesidad del poder los forzaría a inmolarnos. Lo que debemos pedir, lo que debemos buscar y esperar como los judíos esperan el Mesías, es un Papa según nuestras necesidades…
“Así marcharemos con más seguridad al asalto de la Iglesia que con los libelos de nuestros hermanos de Francia y el mismo oro de Inglaterra. ¿Queréis saber la razón? Es que con ello, para destrozar la roca sobre la que Dios construyó su Iglesia, ya no necesitamos el vinagre anibalino, ni la pólvora del cañón; ya no necesitamos ni siquiera nuestros brazos. Tenemos el dedo meñique del sucesor de Pedro comprometido en la conjura, y ese dedo vale en esta cruzada más que todos los Urbano II y todos los San Bernardos de la Cristiandad.
“No dudamos que llegaremos a ese término supremo de nuestros esfuerzos, pero ¿cuándo y cómo? La incógnita no se revela aún. Sin embargo, como nada debe apartarnos del plan trazado, sino por el contrario, todo debe tender a él como si ya desde mañana el éxito viniera a coronar la obra apenas esbozada, queremos en esta instrucción que para los simples iniciados permanecerá secreta, dar a los encargados de la Venta Suprema, consejos que deberán inculcar a la universalidad de los hermanos, en forma de enseñanza, o de memorandum...
“Ahora bien, para aseguramos un Papa de las debidas proporciones, se trata primero de labrar a ese Papa una generación digna del reino que soñamos. Dejad de lado la vejez y la edad madura; dirigíos a la juventud y, si es posible, aún a la infancia (...) os ganaréis sin mucho esfuerzo una reputación de buen católico y de patriota sin doblez.
“Esta reputación hará llegar nuestras doctrinas tanto en el corazón del joven clero, como dentro de los conventos. Dentro de algunos años forzosamente este clero joven habrá invadido todas las funciones. Será él quien gobierne, administre, juzgue, forme el consejo del soberano, y será el llamado a elegir el Pontífice que tendrá que reinar, y este pontífice, como la mayor parte de sus contemporáneos, estará necesariamente más o menos imbuido de los principios  italianos y humanitarios que comenzaremos a poner en circulación. Es un granito de mostaza que confiamos a la tierra; pero el sol de las justicias lo hará crecer hasta el más alto poder, y un día veréis qué mies abundante producirá este granito.
“En la ruta que trazamos a nuestros hermanos, hay grandes obstáculos que deberemos vencer, muchos tipos de dificultades que superar. Triunfaremos gracias a  la experiencia y la perspicacia; pero la meta es tan espléndida que es preciso izar todas las velas al viento para alcanzarla. Si queréis revolucionar a Italia, buscad el Papa que acabamos de pintar. Si queréis establecer el reino de los elegidos sobre el trono de la prostituta de Babilonia, que el clero marche bajo vuestro estandarte, creyendo ir siempre tras la bandera de las llaves apostólicas. Si queréis hacer desaparecer el último vestigio de los tiranos y los opresores, echad vuestras redes como Simón Bariona; echadlas dentro de las sacristías, de los seminarios y de los conventos más que en el fondo del mar; y si no os apuráis, os prometemos una pesca más milagrosa que la suya. El pescador de peces se convirtió en pescador de hombres; vosotros os rodearéis de amigos junto a la Cátedra Apostólica. Vosotros habréis predicado una revolución por la tiara y la capa, marchando con la cruz y el estandarte,  una revolución que no tendrá necesidad más que de una chispa para incendiar las cuatro esquinas del mundo.”[2]

He aquí aún un extracto de una carta de “Nubius” a “Volpe”, del 3 de abril de 1824:

“Se ha puesto sobre nuestros hombros una pesada carga, querido Volpe. Debemos hacer la educación inmoral de la Iglesia y llegar por medios pequeños, bien graduados aunque bastante mal definidos, al triunfo de la idea revolucionaria gracias a un Papa. En este proyecto, que siempre me ha parecido sobrehumano, marchamos aún tanteando...”[3]

¡“Plan sobrehumano” dice Nubius, y quiere decir plan diabólico! Ya que es planear la subversión de la Iglesia por su misma cabeza, lo que Mons. Delassus[4] llama el atentado supremo porque no se puede imaginar nada tan subversivo para la Iglesia como un Papa seducido por las ideas liberales, un Papa que utilice las llaves de San Pedro al servicio de la contra-Iglesia. Ahora bien ¿no es acaso lo que vivimos actualmente desde el Vaticano II y desde el nuevo Derecho Canónico? ¡Con este falso ecumenismo y esta falsa libertad religiosa promulgados en el Vaticano II y aplicados por los Papas con fría perseverancia, a pesar de todas las ruinas que han provocado desde hace más de veinte años!

Sin que se haya comprometido la infalibilidad del Magisterio de la Iglesia, incluso quizás sin que jamás haya sido sostenida una herejía propiamente dicha, asistimos a la autodemolición sistemática de la Iglesia. Autodemolición es una palabra de Pablo VI, que implícitamente denunciaba al verdadero culpable, pues ¿quién puede “autodemoler” la Iglesia sino aquél cuya misión es mantenerla en la roca firme?... ¡Y qué ácido tan eficaz para disolver la roca como el espíritu liberal que penetra al mismo sucesor de Pedro!

¡Este plan es de inspiración diabólica y de realización diabólica! No sólo lo han revelado los enemigos de la Iglesia, sino también los Papas lo han develado y predicho. Es lo que veremos en el próximo capítulo.

Mons. Marcel Lefebvre, tomado de “Le destronaron”.


[1] 2 volúmenes, 1859; reimpreso por el C. R. F., 1976. Mons. Delassus reprodujo de nuevo esos documentos en su obra La Conjuration Antichrétienne [La ConjuraciónAnticristiana], D.D.B., París, 1910, T. III, págs. 1035-1092.
[2] Instrucción permanente de 1820, op. cit., T. II, págs. 85-90.
[3] Op. cit. pág. 129.
[4] Le Problème de l’Heure Présente [El Problema de la Hora Presente], D.D.B., París, 1904, T. I, pág. 195.

jueves, 15 de febrero de 2018

SOBRE EL CONTRACONCILIO DE LA FSSPX


"El sacerdote portador de la cruz dejaba paso al sonriente conciliador según el modelo norteamericano"


La Faz negativa del “Contraconcilio” operado por la FSSPX, que está llevando a su autodestrucción

“Ella estima que, más bien que condenar, ella responde mejor a las necesidades de nuestra época metiendo antes en valor las riquezas de su doctrina”. Juan XXIII habla de la nueva Iglesia en la apertura del Concilio. ¿Y no habla también de la Neo-FSSPX?

“La religión de Dios que se hace hombre se encuentra con la religión (puesto que lo es) del hombre que se hace Dios. ¿Qué ha pasado? ¿Un choque, una lucha, un anatema? Eso podía pasar; pero no ha ocurrido”. Pablo VI en la clausura del Concilio, parece hablar del encuentro entre la Neo-FSSPX y Roma actual. ¿Choque, lucha, anatema? No, cordiales conversaciones.
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Si el concilio Vaticano II, esa especie de “Reforma protestante” disfrazada de “Renovación católica”, pudo llegar a triunfar, es entre tantas cosas, porque en el momento del concilio la Iglesia católica, a pesar de los buenos Papas anteriores, había llegado a volverse mayoritariamente exterior antes que interior, activa más que contemplativa, viciada de la doctrina liberal antes que fortalecida por la doctrina tradicional, orgullosa y no humilde, dedicada a la lectura de autores devotos de obras chabacanas y deleznables (como decía Castellani, que nos ayuda en este escrito) y no de la Santa Biblia, el Magisterio de la Iglesia y los Santos Padres. La carcoma del fariseísmo no se adivinaba para casi nadie debajo de esplendorosas apariencias. La mediocridad había ahuyentado todo deseo de santidad, en un mundo que entraba en la Iglesia con sus exigencias de “publicidad” y “masividad”. La adhesión a la Iglesia se tornó más sentimental que doctrinal. La obra artesanal de la formación individual dejó paso a la obra industrial de hacer religiosos y sacerdotes según la máquina de montaje automotriz. El sacerdote portador de la cruz dejaba paso al sonriente conciliador según el modelo norteamericano.

Hacía falta una renovación, ciertamente, pero una que volviera hacia atrás en sus fundamentos, hacía falta un renovador como San Pío X y no uno como Pablo VI. Dios nos concedió a Mons. Lefebvre para resistir esa nueva Iglesia y remediar lo que se pudiera.

Con los hechos consumados, se inició por parte de las fuerzas de la Tradición, encabezadas por la FSSPX, lo que podríamos llamar –tomando prestado el término de la “Contrarreforma”- un “Contraconcilio”: resistencia a los errores modernistas, preservación de la doctrina tradicional, de la misa tradicional, del sacerdocio católico, de las órdenes religiosas, del CDC de 1917, de Santo Tomás, etc.

Pero, así como puede decirse que no todo en la Contrarreforma fue perfecto y que por respuesta al Protestantismo, pudo exagerar algunas cosas –indudablemente no llegó la Iglesia a decaer sólo por acción externa y de un día para el otro-, así también, y en mucha mayor medida en una pequeña congregación surgida ante una situación de emergencia en tiempos ferozmente liberales, comenzaron a cometerse una suma de errores, desaciertos, desvíos, contradicciones, que han llevado a la FSSPX a estarse desnaturalizando, y cayendo más y más en aquella situación previa en que se encontró la Iglesia en los años ’50, justo antes de caer el Concilio. Si el “Contraconcilio” era un antídoto contra el “Concilio”, no puso sin embargo suficiente atención en evitar no sólo las consecuencias derivadas del Concilio, sino las condiciones previas que hicieron posible que surgiese y triunfase el Concilio. ¿Y qué fue lo que llevó a esas “condiciones” o ese “ambiente” preconciliar? El haber exagerado el remedio.

El Contraconcilio de la FSSPX llegó a poner mucho énfasis en la exteriorización de la fe, disolviendo la fe pura que es antes que nada “en  espíritu y en verdad” en devociones exteriores…Hoy recurre masivamente a los medios publicitarios modernos para “hacer ver” su fe…

El Contraconcilio de la FSSPX llegó a exaltar la virtud militar de la “obediencia”, y ella considerada más en su cómodo automatismo que en su espíritu, hasta volverla una especie de virtud teologal, que puede sustituir incluso a la conciencia personal. Y sin embargo, por la (mala) obediencia fue fundamentalmente que logró imponerse la iglesia conciliar…

El Contraconcilio de la FSSPX llegó a propagar la noción de “el activismo antes que la contemplación”, que es una plaga en la Iglesia hoy día, y ha traído el triunfo del mediocre agitado sobre el sabio débil; e incluso la persecución del sabio. Y sin embargo, por un activismo agitado y el desprecio de la contemplación, fue que el Vaticano II logró despojar de sabios a la Iglesia, que “es preferible accidentada antes que encerrada en la sacristía”, como dice Francisco, quien ha manifestado más de una vez su desprecio por los teólogos.

El Contraconcilio de la FSSPX terminó aumentando el sacramentalismo y disminuyó la predicación; al punto que hoy los fieles sólo le demandan a la Fraternidad los sacramentos (y lindas capillas donde casarse); rebajó la contemplación la caridad en apologética y beneficencia -las cuales no son malas, pero no son sumas-; está alejando más y más a los fieles del Poder eclesiástico -lo que llaman “La Jerarquía”, Menzingen- haciendo de la FSSPX una sociedad totalitaria; y se ha entregado desaforadamente a la “propaganda”, como es del público conocimiento.

Al fin, el Contraconcilio de la FSSPX terminó favoreciendo la mediocridad, que se refugia, se esconde, se camufla detrás de la obediencia, el sacramentalismo, la beneficencia y la exterioridad. En el año 1945, ya el Padre Mateo Crawley advertía sobre esta mediocridad que encontraba en sus visitas a las comunidades religiosas. Así en un retiro dado a religiosas del Canadá, decía:

 “El gran peligro, el solo peligro en los conventos, es la mediocridad; porque en los conventos, hay pocos peligros: el mundo mundano no os afecta más que de lejos y no es un peligro inmediato; pero hay un gran peligro en el jardín del Señor: es la mediocridad. Es una cosa terrible y horrible, porque es un mal hipócrita. Si se tratara de un escándalo, uno gritaría: ¡cuidado!, pero el mediocre no es escandaloso. Él se parece al diabético.  ¿Qué es lo que está enfermo en el diabético? No es el corazón, ni el estómago, ni la cabeza; es un envenenamiento de la sangre: tiene azúcar en lugar de sangre, y todo esto sin gran dolor; el cuerpo no está sano y está todo enfermo; es exactamente lo que hace la mediocridad; es peor que la lepra para las comunidades. ¿Es un pecado como la blasfemia, como la impureza? No, no es el corazón, ni el estómago lo que está enfermo, es toda vuestra alma religiosa que está podrida, porque ella ha perdido la noción de la vida religiosa. Es ese estado el que ha perdido tantos religiosos y religiosas: es la peste del clero y de las comunidades.” (Cfr. Le Sel de la terre nº 52, pp. 152-155).

P. Mateo Crawley

Esa mediocridad es un caer en un “regateo” con Dios, dejando de aspirar a la santidad para conformarse con lo que se es. Es azúcar en vez de sangre, es decir, buscar las consolaciones sensibles que nos proporciona la congregación con sus cantos sublimes, con sus coros angelicales, con sus bellos ornamentos. Es enterrar el talento, apagar el fuego santo para calentarse con el fuego tibio de la comunidad que brinda comodidades. Es abdicar la propia inteligencia en beneficio de la comunidad que “piensa por mí”. Es buscar reconocimientos y rehuir la cruz de la persecución.

De modo que puede decirse que el “Contraconcilio” comenzó bien pero se fue poco a poco disolviendo, pudiendo pensarse que por estas razones: 1) falta de conocimiento del enemigo, subestimación de lo que es la “Contra-Iglesia” y la Masonería; 2) falta de espíritu monástico o religioso en los seminarios y prioratos: falta de ascetismo, mortificaciones, ayunos, pobreza, humillaciones; 3) falta de vida de oración, que ha estado subordinada a la vida de apostolado; 4) falta de control en los seminarios para recibir vocaciones que no son reales; 5) infiltración judeo-masónica en las esferas más altas; 6) mediocridad.

Quizás todo se concentre en los seminarios, donde a los comienzos Mons. Lefebvre puso lo que había de lo mejor que encontraba, pero luego se fueron colocando mediocres y obsecuentes en los puestos más importantes, y empezó a hablarse más de la “cantidad” que de la “calidad”. Ya perdido el contacto con las Órdenes religiosas de estricta observancia y abocadas al estudio y el sacrificio (Dominicos, Benedictinos), hoy los Seminarios ya no tienden a forjar soldados de Cristo sino soldados “de chocolate” o buenos y piadosos “monjitos” que desconocen el combate de Mons. Lefebvre y de sus mayores, y ya en la etapa del post “Contraconcilio”, son llevados a confrontar, cuando los Superiores lo han menester, contra los resistentes antiliberales, su piedra en el zapato, en vez de contra los modernistas y liberales. ¿Es el tiempo de la “Contrarresistencia”?

“¡Es la gran conversión lo que hay que hacer! Salir de su mediocridad,  puede ser la conversión más difícil. Es más fácil convertir un masón que convertir un cura. Una hermana que dice: “Todo el mundo no puede ser santo”, es muy difícil de convertir” (P. Mateo Crawley, op. cit.)

Mas si la sal pierde su sabor, ¿con qué será salada?” (Mt. 5,13)

                                                                       Gabriel Defaro

miércoles, 14 de febrero de 2018

MIÉRCOLES DE CENIZA


Hemos visto al lado de Nuestra Señora a un Ángel con una espada de fuego en la mano izquierda… el Ángel, señalando la tierra con su mano derecha, dijo con fuerte voz: ¡Penitencia, Penitencia, Penitencia!

Enseña el catecismo de San Pío X que la Cuaresma ha sido instituida, 1° para darnos a entender la obligación que tenemos de hacer penitencia todo el tiempo de nuestra vida, de la cual la Cuaresma es figura, según los Santos Padres; 2° para imitar de algún modo el riguroso ayuno de cuarenta días que Jesucristo practicó en el desierto; 3° para prepararnos por medio de la penitencia a celebrar santamente la Pascua.

El primer día de Cuaresma es el llamado Miércoles de Ceniza, porque ese día la Iglesia impone la sagrada Ceniza con el fin de recordarnos que somos compuestos de polvo y a polvo quedaremos reducidos con la muerte, y así nos humillemos y hagamos penitencia de nuestros pecados, mientras tenemos tiempo. Las disposiciones con que debemos recibir la sagrada Ceniza son dos: 1ª, un corazón contrito y humillado , la santa resolución de pasar la Cuaresma en obras de penitencia.

Agrega el el catecismo que para vivir la Cuaresma según la intención de la Iglesia debemos hacer cuatro cosas:  guardar exactamente los ayunos, la abstinencia y mortificarnos no sólo en las cosas ilícitas y peligrosas, sino también en cuanto podamos en las lícitas, como sería moderándonos en las recreaciones; 2ª hacer oración y limosnas, y otras obras de piedad con el prójimo más que de ordinario, 3ª oír la palabra de Dios, no por costumbre o curiosidad, sino con deseo de poner en práctica las verdades que se oyen;  preparar con cuidado las confesiones para hacer más meritorio el ayuno y disponernos mejor a la comunión pascual.

La niña Jacinta Marto, vidente de Fátima, contó que, en una de sus apariciones, la Virgen había dicho: “Orad, orad mucho y haced sacrificios por los pecadores… muchas almas van al infierno porque no hay quién ore y se sacrifique por ellas...”… Los pecados que más llevan almas al infierno son los pecados de la carne… Los pecados del mundo son muy grandes. Si los hombres supieran qué es la Eternidad, harían todo por cambiar de vida. Los hombres se pierden porque no piensan en la muerte de Jesús y no hacen penitencia”. 

Se lee en el relato del Tercer Secreto de Fátima lo siguiente: hemos visto al lado izquierdo de Nuestra Señora un poco más en lo alto a un Ángel con una espada de fuego en la mano izquierda; centelleando emitía llamas que parecía iban a incendiar el mundo; pero se apagaban al contacto con el esplendor que Nuestra Señora irradiaba con su mano derecha dirigida hacia él; el Ángel señalando la tierra con su mano derecha, dijo con fuerte voz: ¡Penitencia, Penitencia, Penitencia! Pero, con voz igualmente fuerte, los hombres -también católicos, también tradicionalistas- responden: “¡libertad, placer, comodidad!”